viernes, 23 de septiembre de 2016

Domingo después de las 7 pm


Ojos que desafían el vidrio
transparente no se ve la indecencia
ni el espacio desbordado

Manos como taladros inexactos
perforan el papel
necesitadas de verso
no son dignas del lugar que sólo acepta
un muerto a la vez

¡Quiébrame! Espacio intimidante
quiébrame hoy que aún te veo de reojo
deja de lado el preámbulo
no necesito un trato especial
                                                   enfermeras nodrizas 
                                                   deambulantes de caridad

Un cuerpo reducido a dos movimientos
envidia la vida de los cuadros
y de esas fotos que llevan años
en un cajón


Antes del orden


Abrazo el polvo de los muros
escucho la piedra descascarada
mientras una olla atrapa el agua
los días cubren una cara
la cocina acumula platos
y ropas son olvidadas debajo de la cama

Hay cuadros que espían pasillos de un laberinto
el ciego tropieza porque otras son las posiciones
otros pesos han deformado mi descanso
y los poemas roban
el ritmo de otras palabras

Fue sólo un tiempo
no hay estadías ni idas
sólo era una necesidad de hablar:

es esa línea no caminada en constante desvío
del balcón a la vereda
y la posibilidad de quedarse dormido en una banca

Esa línea caminada con la cabeza inclinada
dividiendo la posibilidad de arrepentimiento
la mañana entre lo sucedido y lo adivinado
se vive como las cosas reales
tocando las murallas

Pero se mantiene igual
sólo es realidad invariable
¡Ahora calla esa voz!

Y sigo
mirando ese no-abismo
ese no-precipicio
no es lugar
pero está ahí
y llama
y quema
con llamas
a la espera
de una llamada
de una contestación
de un tropiezo consciente
para luego no retroceder
como estos versos
que otra vez
se acortan
y temen
caer

Volveré a escribir cuando caiga la moneda
para escuchar arrítmicas
estas palabras confundidas